no vivo en el aire de un profuso cristal
tampoco celebro el laberinto, si preguntas
suelo andar por la acera o sobre los árboles
lo verde que soporta la ciudad
cuando esquivo a los autos en batalla
y mi atención arrebatada se rebela
guarezco, desde los bolsillos, todas las historias
en la modesta grieta de la calle
castillo impenetrable donde habita
mi cielo sabio que otrora encajaba
su gélida palmada sobre el tibio partisano
que sudara indiferencia
por las cauces arrugadas también huye mi pregunta
¿cómo echar la voz a tierra sin perderme?
caigo entonces a mil leguas del sonido perturbado
lejano de la música o el verso diminuto
y le cavo una tumba con pasión inequívoca
si me encuentras en aquel instante, no preguntes
parecerá que me ausento de tus ojos
has de entender que no estoy sola
y recorro las señales necesarias del silencio